miércoles, 23 de marzo de 2016

Luna Llena

"Hoy es Luna llena. Hoy ese ojo desnudo nos observa. El portal completo se abre. Hoy aquellas terribles criaturas tienen pase libre para arrastrarse por la tierra. Hoy los humanos inocentemente ven enamorados la puerta, distraídos por la acerada bella luz de su condena..."

lunes, 15 de junio de 2015

Voz

     

Y entonces el ser cantó y de su canto los acorde de la nueva vida se desplegaban, las vibraciones de su pecho retumbaban en el corazón del mundo, así también debajo de la tierra y sobre los cielos y en las planicies y abajo en la más profundas aguas. Entonces sucedió que nueva vida surgió y conciencias que no existían llegaron a hacerlo elevando sus voces en una canción acorde con la voz del gran ser y le reverenciaron para volverse después hacia la creación que ya existía antes de ellos y barrerla de la faz del mundo y de las aguas y de los cielos.

C.C.Orivelis

viernes, 12 de junio de 2015

Volví (?)

   
     Realmente nunca regrese, al volver aquel lugar no era el mismo que deje al marcharme, las paredes y los suelos que existían antes de aquel viaje no son mas, el susurro de los muros las percusiones sobre el suelo,  han cambiado,  no son más. Los pilares que sostenían el recinto han cambiado de lugar. El aroma de los recuerdos guardados en ese antiguo hogar se han desvanecido, mis pies pisan suelos que cubren los que anteriormente aguantaron mi cuerpo. El viaje se llevo cosas de mi y me entrego otras. Añoraba ver el lugar que dejé, el hogar que abandoné temporalmente. la tierra que extrañaba, pero no fue así. Escucho vagamente los residuos de conversaciones antiguas, de murmullos lejanos en el tiempo, de mis pies que percutían sobre el piso. Ha cambiado, no es el mismo que mi memoria guardaba, el aroma, el color, la forma, las texturas transmutaron, mis sentidos ya no lo perciben del mismo modo, no es igual al que dejé aquel día. Estoy en el mismo sitio, pero realmente nunca volví...


C.C. Orivelis

martes, 12 de mayo de 2015

El Viejo Árbol



     Las eras y lo tiempos transcurren, generaciones de humanos y de bestias van y vienen, me duele más la partida de unas que de otras, me sorprende cómo alguien con tan poco tiempo sobre la tierra puede lograr hacer tantas cosas tan hermosas como amar y construir, pero también es suficiente tiempo para hacer cosas terribles. Los humanos parecen superarse en maldad cada vez que me pongo a observarlos, pero mi fe en ellos reluce cuando veo a un hombre hincarse ante a su amada al pie de mis raíces, bajo mi follaje y le promete amor eterno, para luego grabar en mi tronco sus iniciales entrelazadas, no niego que sea doloroso, pero ser el muro que testifica la existencia del amor vale la pena... Es fascinante el concepto que ellos tienen de lo "eterno" cuando sus vidas apenas superan los cien años, entre ellos se oye el rumor de una vida más allá de la que viven ahora. Yo con mis ojos que contemplan los hilos de los que se conforman las fibras del universo no he podido ver nada parecido a lo que ellos se refieren, pero debe ser un gran consuelo y descanso dejar la existencia con ese pensamiento.


C. C. Orivelis


sábado, 9 de mayo de 2015

Viejos Libros

   
     Algunas veces lo ecos de pasos en los pasillos vacíos me hacen despertar de mis sueños, el ruido de murmullos en ocasiones flota por el aire enclaustrado y acaricia mis oídos, en ocasiones la luz difusa que rebota en las paredes lejanas hasta llegar agonizante hasta mi piel me da un atisbo de calor, un calor que se desvanece, partículas de mi mismo, de mi cuerpo y el de mis compañeros viajan por el espacio, de vez en vez las puedo ver danzando entre aquellos rayos de luz difusa. Aún recuerdo los días en que el tránsito por estos lugares de la biblioteca eran abundantes, todavía me quedan reminiscencias del constante roce de los dedos en mis hojas blancas y recién impresas que ahora ceden lentamente como una hoja de lata ante la herrumbre.

     Las personas solían escuchar a aquel que escribió mis adentro en su cabeza, pasaban los ojos por la tinta de mi interior en forma de letras que dibujaban mis entrañas, cada ocasión que eso sucedía me hacía volver en el tiempo y recordar el inicio de mi existencia, remembrar los días en que solo me presentaba en formas y conceptos abstractos y simplemente era una mezcla de ideas revueltas y amorfas, mi memoria aún guarda el viaje desde el mundo de lo intangible  semejante a un río cuyo nacimiento esta en la mente y cuyo cause recorre los nervios hasta abrazar la pluma y enamorarse eternamente del papel. Al menos así es como conocí yo la dimensión fuera de la mente. Otros me cuentan que el río desembocaba en bloques metálicos y que percutían sobre el blanco material. Sentí mi creación, el papel entintado, el cuero cubriéndome, los trazos del pincel y el lápiz dibujando mi interior. La nostalgia de aquellos tiempos es tan gratificante, pero el tiempo ha pasado, mis páginas están amarillas ya, los pasillos donde se erigen los estantes que me contienen junto con mis compañeros están llenos del aroma ácido de nuestras hojas.

     Espero a que alguno de los dueños de aquellos pasos lejanos, alguien a quien pertenezca una de esas sombras que pasean sobre el muro al final del oscuro pasillo, entre aquí aunque fuese por curiosidad, aunque fuese para esconderse, aunque fuese por aburrimiento, en sueños todos aquí esperamos que una tibia mano tome muestro lomo mohoso, que uno ojos paseen por las letras grabadas en él y descubran ahí el conocimiento que buscaban hace mucho tiempo, que reencontraran las ideas que en la mente de aquel que nos pensó se alojaban.

     Espero el día con paciencia, en el que alguien decodifique mis entrañas y me permita salir -al menos en parte- dentro de su mente, pues todas aquellas consciencias que me permitieron acompañarles en su momento ahora están muertas, antes podía ver el mundo y aquellos que lo habitan por medio de quienes copiaban en sus cerebros fragmentos de mi, sin embargo, llevo tanto tiempo aquí que todos esos seres dejaron poco a poco este mundo y también poco a poco mis ventanas incorporeas se cerraron de una en una, hasta que no conocí más que este lugar. A veces escucho entre susurros mi nombre proveniente de los pasillos más lejanos, donde ahora se debe ubicar la entrada, pero por alguna razón nunca me encuentran. Desearía que me encontrasen, a mi y mis compañeros, tenemos tanto que contar a aquellas mentes nuevas y también a las viejas, hay ideas -de hombres y tiempos que ya no son- escritas en nuestro interior, por medio de nosotros se escuchan voces del pasado y podemos viajar con quienes nos leen y vislumbrar cómo cambia el mundo.
     
    He sentido la tibieza de una mano por fin mientras dormía, percibí como mis compañeros eran tomados por bellas manos, hermosas y bien formadas manos, firmes y delicadas, con dedos graciosos y con un agarre exquisito, pero no entiendo porque no nos han abierto, y porque nuestros nombres no han sido pronunciados, fuimos reunidos todos y movidos a algún lugar, algunos fuimos encerrados en habitaciones grandes de cristal con una luz suave donde éramos contemplados, sentí que por fin mis adentros serían expuestos  ante aquellos que me quisiesen hojear, pero pronto me di cuenta de que no sería así, solo éramos observados, contemplados sin mayor intención, supe ahí que el tiempo mordería cada parte de mi ser, desmenuzándome lentamente, borrando con sádica paciencia cada una de mis letras hasta el día en que solo quedase polvo de mí. Fue entonces que deseé haber tenido el destino que el resto de mis compañeros que fueron entregados al fuego, por lo menos en las cenizas que ascendían se veía un alivio que no podré conocer en todo el tiempo que me resta aquí, el crujir de las flamas y el crepitar de las brazas eran como una canción de desahogo, un suspiro de descanso, y el bello respaldo del fuego era igual o más bello que muchas de las imágenes ilustradas en mi ser. 


     No se cuantos años yaceré aquí, solo dormiré aguardando que una mano tibia acaricie mi lomo, con la ciega esperanza de ser leído otra vez… o para ser abrasado por aquellas brillantes llamas.


C.C. Orivelis

martes, 5 de mayo de 2015

Sueños

     "Los sueños son solo pequeñas ventanas a la realidad primordial , un reflejo de la esencia básica que nos conecta con el 'todo', información que todos traducimos de manera distinta y que vemos materializada en base a las experiencias personales, pero es sólo eso: un fragmento, porque una mente que pudiese contemplar el 'todo' se perdería en él, en lo infinito entre las vibraciones del cosmos, se fundiría en la esencia donde el tiempo espacio y materia se diferencian y dejaría la existencia como se conoce"

C.C. Orivelis

domingo, 29 de marzo de 2015

La Caña Entre las Brasas

     Hay una sensación extraña, una sensación que perturba cuando eres consciente de ella, un miedo que entra por los ojos y se aloja en el cerebro, yo no la conocía hasta que  me quedé viendo ese trozo de caña de azúcar entre las brasas… Era solo un juego o tal vez ni siquiera eso, solo curiosidad científica, solo un simple suceso cualquiera sin importancia ni relevancia alguna en ningún sentido, excepto el que yo mismo le di.

    El masticar caña de azúcar es algo común y  es completamente normal en el territorio en el que vivo, se usa como dulce, y es realmente sabroso. Pero por las razones siguientes, es una de las cosas más amargas que jamás volveré a probar.

     Recuerdo estar en medio de una reunión con amigos  comiendo y riéndonos, cuando inevitablemente llegó el momento de contar historias de terror, hubo gran variedad, desde las relacionadas con extraterrestres, con maldiciones, con fantasmas  e incluso con seres malignos no fácilmente clasificables en las anteriores categorías, el punto es que de todas las historias que podría llamar e terror hubo una que más bien podría haber catalogado como chiste llamábase “La Caña Entre las Brasas”. Todos habían contado historias muy buenas que realmente eran aterradoras, no sabía que contar, que decir, siempre fui malo como narrador y torpe con las palabras, así que tomé elementos de mi alrededor para formular una corta historia vaga y sin sentido, todo masticaban caña de azúcar para exprimir su jugo y arrojaban la pulpa  seca al fuego, tuve entonces una idea y hablé:  “Pocas veces se ha oído de esta historia, precisamente porque muy pocas veces ocurre que se reúnan todas las condiciones, pero justo hoy , en esta noche, aquí sentados todos frente al fuego sucede que las condiciones  se cumplen. Hay un ser que habita entre los árboles, en lugares solitarios, vagando en lugares oscuros y tenebrosos, hambriento siempre buscando su platillo favorito, buscando personas… personas para devorarlas, le gustan el sabor dulce de sus estómagos y sabe cuándo es tiempo de cazar cuando percibe el olor de caña de azúcar mezclada con saliva luego de ser arrojada al fuego, el reconoce ese olor, entiende cuando lo percibe que hay un suculento manjar cerca,  espera el momento oportuno, se acerca por la espalda de su presa y se sienta tras de ella, con sus enormes ojos negros la mira mientras come, mientras todo ese fluido dulce entra por su boca y se desliza por tu esófago hasta llenar esa suculenta bolsa. Espera sonriente, con la boca chorreando de saliva, frotándose sus nudosas y  resecas manos, solo espera el momento en que tu estomago este lleno, el momento en el que arrojes el último trozo de caña seca a las brasas para que –acompañado del olor de la pulpa seca quemándose y expandiéndose, pueda poner la mano sobre tu hombro y hacer que le mires a los ojos antes de sacarte el estómago y comérselo, disfrutando cada dulce bocado de fluido dulce mezclado con sangre” Sin saberlo mi relato fue volviéndose cada vez más complejo, cada vez más estable y al terminar miraba yo fijamente un trozo de caña de azúcar masticado expandiéndose entre el fuego, chamuscándose, expeliendo un aroma a saliva mezclado con azúcar, en mi mente veía al monstruo y entre las llamas ese ser repulsivo se dibujaba, lo veía bailando y sonriendo con esa sonrisa chorreante de saliva espesa con esas manos nudosas frotándose entre sí. La imagen me comenzó  a perturbar en sobre manera, al grado que me dio miedo seguir contemplado el fuego abrasando la madera, retiré a mirada de inmediato de la fogata y voltee a mirar a mis compañeros para ver su expresión y saber si habían disfrutado de mi “ridícula” historia. Me miraban fijamente, mientras masticaban, no me parecían realmente sorprendidos, tal vez atentos pero no atemorizados en sí. Hacían comentario como “que original” o “te lo sacaste de la manga” pasando por expresiones como “no estuvo tan mal” mientras se llevaban trozos de caña a la boca, yo los miraba y se dieron cuenta rápido de mi expresión de miedo, me preguntaban qué me ocurría, pero no sabía responder a esa pregunta, yo solo deseaba que no dejaran de comer, pero la criatura detrás de ellos esperaba lo contrario.

C.C. Orivelis